Cuando los vi por primera vez estaba en una fiesta a la que me había invitado una amiga. Al principio no quería ir, no me apetecía repetir de nuevo la historia de siempre, estaba tan cansada de las mismas conversaciones, la misma gente,...Ellos llegaron juntos y, desde que entraron en la sala no pude apartar la vista de ellos. Resultaban tan diferentes. Manu era fuerte, decidido y brusco, de manos grandes y fuertes, siempre directo y seguro de si mismo. Juan en cambio resultaba sensible, tímido, y era tan guapo, una cara perfecta de las que quitan la respiración.
Manu se dio cuenta de que los miraba y se acercó a hablar conmigo con mucho desparpajo. Descubrí que no tenía vergüenza alguna y podía resultar encantador. Tampoco Juan se quedaba a la saga, era muy inteligente, hablaba de música, cine, arte, ... Según me contaron, ambos compartían piso desde que hacía dos años, habían comenzado la carrera.
Ambos me gustaban mucho, así que cuando Manu me propuso ir a su casa para enseñarme un cuadro que Juan estaba pintando, acepte sin pensármelo dos veces. Nos pusimos a tomar copas, charlando y riendo por cualquier cosa y poco a poco Manu fue aproximándose hacia mi, susurrándome al oído. Juan aparto el pelo de mi cara mirándome a los ojos y me besó lenta y profundamente.
Sin darme cuenta, me encontraba entre dos chicos estupendos que me tocaban y besaban. Juan parecía adivinar lo que yo pensaba, siempre atento al más mínimo de mis deseos, acariciándome suavemente la espalda mientras me besaba el cuello, el lóbulo de la oreja con tanto cuidado como si tuviera un tesoro entre los dedos. Manu era muy apasionado, parecía querer devorarme, dejaba marcados sus dedos en mi piel mordiendo y lamiéndome con ansiedad.
Entre ambos fueron desnudándome, primero la blusa que Juan desabrochó botón a botón y el pantalón, que casi me arranca Manu. Luego el resto de prendas, incluida toda mi ropa interior volaron por la habitación hasta finalmente quedarme desnuda entre sus brazos.
Fue increíble sentir como Manu me poseía con fuerza, todos sus músculos tensos sobre mí, esa potencia, esa energía que se desbordaba sobre mí, entretanto Juan acariciaba mi cuerpo con su lengua, recorriendo mis pechos con movimientos circulares haciéndome estremecer de placer. Me deshice, entre los cuerpos de mis amantes, gimiendo de deseo mientras sentía como ambos me poseían, primero uno y después otro hasta que, por último grite de placer como jamás había hecho. Al terminar nos quedamos dormidos con nuestros entrelazados.
Escrito por: Ana J. R.