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Blog >> Historia del Sexo

Mata Hari, una Cortesana y Espía de Lujo

Margaretha Zelle , pues ese era el verdadero nombre de la famosa Mata Hari, fue una hermosa mujer hija de un sombrerero Holandés y cuya madre era de ascendencia javanesa, de ahí el aspecto exótico que siempre la caracterizó.

Mata Hari se casó joven, con sólo 18 años, con un militar mayor destinado en la India al que ni siquiera conocía personalmente. El matrimonio, como era de esperar, no salió bien y Mata Hari se encontró sola y sin recursos en el París de comienzos del siglo XX. Aprovechando la belleza y la admiración masculina que siempre le habían acompañado y los conocimientos en las artes amatorias que había podido aprender en durante su estancia en la India, comenzó a dedicarse al striptease. Nadie podría haber imaginado el éxito que tendría su carrera como bailarina exótica, ni lo popular que se hizo la historia, por supuesto inventada, de que era una princesa de Java que llenaba todos los locales donde actuaba.

Para mantener el nivel de vida que Mata Hari tanto deseaba y a consecuencia también del conocido deseo que experimentaba ante los uniformes militares, se convirtió en una cortesana de lujo de militares, políticos y en general la clase alta de su época. Entre su larga lista de amantes se pueden mencionar a Adolphe-Pierre Messimy, ex ministro de Guerra, y Alfred Kiepert, rico terrateniente alemán, el compositor Giacomo Puccini o el barón Henri de Rothschild.

No se sabe si por lealtad a alguno de sus amantes o simplemente por dinero, Mata Hari comenzó a ejercer de espía para los franceses, siendo finalmente descubierta y detenida, bajo la acusación de espionaje. Cuentan que recibió a sus captores completamente desnuda, con un casco militar lleno de bombones entre sus manos, una actuación sin duda digna de la leyenda que rodeó toda su vida.

En el juicio que finalmente perdió y supuso su condena a muerte, Mata Hari afirmó: “¿Una ramera?, ¡Sí!, pero una traidora, ¡Jamás!”, y frente al pelotón de fusilamiento pidió que no le cubrieran la cara. De los soldados encargados de disparar, sólo cuatro fueron capaces de cumplir con la labor que acabo con la vida de esta amante de leyenda.

Escrito por: Ana J. R.
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