El flujo vaginal son unas secreciones fabricadas por las glándulas situadas en la vagina y el cuello del útero. Tienen aspecto de líquido claro o transparente que varía su consistencia y color a lo largo del ciclo menstrual influenciado por la cantidad de estrógenos, siendo más abundante y espeso durante la ovulación. También aumentan las secreciones de flujo cuando las mujeres se encuentran excitadas o durante el periodo de lactancia.
No todas las mujeres tienen la misma cantidad de flujo vaginal, pero si te observas durante unos meses podrás comprobar que variaciones son normales en ti. De esta forma, si en cualquier momento la cantidad, olor o color del flujo cambia respecto a lo que suele ocurrir normalmente, tu cuerpo te estará indicando que puede haber un problema o cambio que deberás atender.
Así, si el flujo vaginal es marrón oscuro y transparente, similar al que se expulsa al final de la regla deberás tener en cuenta en que momento del ciclo menstrual te encuentras. Si eso ocurre próximo a la regla y luego ésta no se produce puede ser que estés embarazada y se esté implantando el ovulo fecundado en el endometrio. Cuando no hay embarazo y el flujo marrón no tiene ningún color extraño, el cambio puede deberse a un desarreglo hormonal causado por el estrés o la tensión.
En caso de que las secreciones vaginales tengan color amarillo verdoso, mal olor y un espesor fuera de lo común puedes estar padeciendo tricomoniasis, una enfermedad de transmisión sexual provocada por unos parásitos llamados tricomonas.
Por último, si tu flujo se vuelve blanco, con olor a pescado y se acompaña de picores e irritación en la vagina es posible que tengas un hongo llamado cándida que cause esa molesta enfermedad.
En cualquier caso, de continuar los síntomas deberás acudir al médico que realizará un examen físico que incluya una citología, un cultivo del cuello del útero y toma de muestras del flujo vaginal, además de llevar a cabo un historial clínico completo.
Escrito por: Ana J. R.