EntreChicas.es

Búsqueda Rápida

Novedades

no hay nuevos productos en este momento

Publicidad

Canal ISP - Hosting Linux, Dominios y Otros Servicios

Estadísticas

Usuarios Online 6
Accesos Hoy 270
Total Accesos 26265
Tu IP: 38.107.179.230

Blog >> Relatos Picantes

Irremediablemente Suya

Hace tiempo que no hago más que pensar en él, ocupa toda mi mente, mis sueños, mi vida. No puedo explicar que me ocurre, pero lo cierto es que soy completamente suya, se que está mal, pero una fuerza más allá de mi voluntad me impide hacer otra cosa.

La primera vez que lo vi me pareció un hombre un tanto extraño, diferente a todos los que había conocido, tan seguro de sí mismo, como si le diera igual lo que de él pudieran pensar los demás. Se quedó mirándome desde el otro lado de la calle, con esos ojos profundos y llenos de tristeza en los que podría perderme y yo no pude apartar mi mirada de él. Por un lado pensé, ¿quién es ese que me mira con tanto descaro? Pero por otro, ya comenzaba a percibir esa atracción que hoy me tiene atrapada.

Se acercó a hablarme y cualquiera diría que me conocía de toda la vida, pues supo elegir las palabras perfectas, el tono de voz adecuado, consiguiendo derrumbar todas mis barreras. El recelo hacia su persona desapareció y terminamos pasando juntos la tarde, recorriendo la ciudad en una tarde que parecía estar hecha a la medida de nuestros deseos. Tengo que admitir que durante el tiempo que permanecimos juntos en ningún momento me acordé de mi prometido, con el que dentro de pocas semanas tenía planeado casarme.

Después de ese momento no he podido apartarle de mis pensamientos, el es todo lo que anhelo, el único capaz de colmar mis deseos. Mi sed hacia él crece día a día, mientras mi corazón arde con una pasión que no conoce límites. Se que él lo sabe, lo veo en sus ojos, en su sonrisa tramposa, lo sabe y disfruta de su poder, encaprichado con el juguete en el que me he convertido.

Hoy ha venido a buscarme, estaba esperándome en su coche a la salida del trabajo y, como quien no quiere la cosa, me ha saludado mientras abría la puerta, aunque no habíamos quedado. Al principio hemos hablado de tonterías que no nos importaban a ninguno de los dos y poco a poco ha ido aproximando su cuerpo al mio, primero apartándome un mechón de la cara, luego demostrándome como sus manos son más cálidas que las mías. Y tenía razón, sus manos arden cuando me tocan o quizás sea yo la que arde y él únicamente se aproveche de eso.

Después de un rato se ha puesto a juguetear con la cremallera de mi camiseta, mientras habla conmigo, no se de qué y me mira de ese modo tan encantador, haciéndome sentir la mujer más hermosa del mundo. Poco al poco va bajando el tono mientras habla, casi un susurro y al mismo ritmo baja mi cremallera, deleitándose en cada movimiento, disfrutando de mi respiración acelerada y de su poder, no en vano tenía un sí de mis labios incluso antes de formular la pregunta. Me dejo hacer y me deleito en cada una de sus caricias rodeando el encaje de mi sostén, deslizando sus dedos por mi espalda y desabrochando, con demasiada facilidad, el único broche que podía atarme a la decencia. Sus manos recorrían mi cuerpo con avidez, mientras con su lengua trazaba pequeños círculos alrededor de mis pechos, cada vez más cerca de mis pezones, y yo, excitada por momentos, no puedo creer que esto me ocurra a mí y que pueda estar gustándome tanto. ¿Acaso no es cierto que estoy casi desnuda en su coche y ni tan siquiera nos hemos besado?

Sus manos juguetean con el botón de mi pantalón, que pronto queda desabrochado como antes ocurrió con el resto de mi ropa y entre tanto busco yo su camisa, que casi arranco y la cremallera de sus ajustados pantalones. Con el ansia y el deseo que ambos compartimos, enredamos nuestros cuerpos, el sobre mí, en el asiento trasero de su coche, jadeando los dos al mismo ritmo, cada vez más rápido mientras mis piernas rodean su espalda. Lo único que pude pensar en esos momentos fue “sigue, no pares nunca”. Fui suya en el momento en que se desató mi placer y perdí la vergüenza y el control, lo fui cuando el se derramó en mi interior con esa última envestida y lo sigo siendo ahora al acordarme de ese día.

Escrito por: Ana J. R.
Necesitas estar registrada para poder enviar un comentario.

InicioInicio