Mi amigo Antonio me habló de estas reuniones durante una noche de borrachera. Nadie acudía sin invitación, era necesario tener relaciones que te abrieran el paso, a el acababan de hacerlo socio y lo convencí para que me llevara a la siguiente fiesta. Según me contó, era necesario llevar una máscara, pues nadie quería ser reconocido.
Si soy sincero, aquella noche estaba tan nervioso que incluso pensé en no acudir a la cita. Por una parte me resultaba tan morboso y por otra estaba impresionado. Pero, ver a un montón de desconocidos enmascarados practicando sexo tenía que ser increíble, no quería perdérmelo y quizás me animara a participar.
La reunión se hacía en una casa a las afueras bastante difícil de encontrar. Cuando llegamos habían llegado casi todos y habían entrado ya en faena. Había varias parejas fornicando sobre las mesas y sofás, practicando todas las posturas imaginables. Sobre una cama enorme se lo montaban cuatro personas, con sus cuerpos enredados.
En una esquina dos hombres se divertían con una chica con un cuerpo precioso. Uno la besaba mientras el otro acariciaba sus pechos, con los pezones de punta. Nada más verlos me sentía tremendamente excitado, mi sexo se endureció y el corazón se me aceleró. Me acerqué lentamente a ellos y comencé a acariciar a la chica, recorriendo su espalda, su culo, sus muslos tersos y suaves. Ella gimió suavemente y entreabrió sus piernas para que deslizara mis dedos en su interior. Estaba húmeda y caliente y se movía rítmicamente, como si me llamara. Desabroché mis pantalones y en pocos segundos estaba en su interior penetrándola con fuerza cada vez más rápido. Sentí como se contraían los sus músculos apresándome el pene entre sus piernas como si quisiera devorarme. Ya no pude contenerme más y me corrí en su interior, con un último grito. Ella se estremeció mientras su cuerpo se relajaba, cuando me aparté, otro hombre tomó mi lugar.
La orgía continuó a lo largo de esa noche y parte de la mañana siguiente, volví a mi casa agotado. Después de ese día no he vuelto a ver a Juan y tampoco he escuchado nada acerca de la reunión. Aunque me costó localizarla, volví a la cabaña pero allí no encontré ningún rastro de la fiesta, a veces me pregunto si no lo habré soñado.
Escrito por: Ana J. R.