No se en que estaría pensando, pues jamás me había pasado esto antes. Al día siguiente me desperté un tanto desconcertada, no sabía donde estaba y, al principio ni siquiera recordaba lo ocurrido la noche anterior. Seguro que las copas de más ayudaron, pero, lo cierto es que no me arrepiento, eso sí, nadie sabrá nunca lo que ocurrió anoche.
Todo empezó la tarde anterior, yo le había hecho prometer a mis amigas que mi despedida de soltera sería una cena tranquila, nada de boys, por supuesto, no tenía ganas de problemas con mi prometido. No casábamos la semana siguiente, los preparativos me traían loca, así que una tarde de descanso con las chicas no me vendría nada mal.
Me puse una falda negra muy ceñida y un top rojo que estaba deseando estrenar, que fuera a casarme no significaba que ya no tuviera que arreglarme mas. Fuimos en coche hacia la costa, a un restaurante y después a bailar a una discoteca de moda que yo aun no conocía. Cuando mas confiada me encontraba, mis amigas me vendaron los ojos y me pidieron que confiara en ellas. Seguro que la sorpresa iba a gustarme mucho, decían. En cuanto pude abrir los ojos lo vi, mirándome con esa sonrisa perfecta que tanto me había hecho suspirar en mis años universitarios.
Resultó que el chico que me volvía loca en el último año de carrera era striper y mis amigas lo habían contratado para que en mi despedida me hiciera un pase privado. Intenté hablar pero el me pidió que callara con un gesto y se puso a bailar muy cerca de mi. No llevaba camisa, podía sentir sus músculos tensos rozando mi cuerpo en cada movimiento, cada giro del baile. El tenía el control y yo solo me dejaba llevar obediente.
Entonces el tomó mi mano y la llevó a su pecho, haciéndola descender lentamente, primero por su fuerte tórax, su abdomen musculoso y finalmente por su miembro, grande y duro. Gemí mientras un estremecimiento recorría todo mi cuerpo y el corazón pugnaba por salirse del pecho. El seguía bailando como si nada, recorriendo con sus manos mi espalda hasta llegar a mis nalgas, que apretó atrayendo mis caderas hacia su sexo. Después el ritmo de nuestros movimientos se aceleró, arrancándonos la ropa para terminar en el suelo de la habitación enredados como si de animales se tratara.
Recuerdo como le clavaba las uñas en la espalda mientras me penetraba con fuerza, mi boca aun conserva el sabor de su cuerpo recorrido por mi lengua. Entre gemidos el me susurro, estaba deseando hacer esto.
Si definitivamente, no me arrepiento de nada, este será nuestro secreto.